sábado, 18 de septiembre de 2010

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Aunque el frío atraviese tu cálido recuerdo, confunda los horizontes, genere descontento, estremezca los anhelos guardados y ayude a refugiar a los caídos; me doy cuenta del tiempo que sigo perdiendo al aferrarme a las cadenas de la vida. Los años pasan, mas en mi interior los días parecen durar siglos y las semanas milenios, como río que desemboca en océano.
¿Recuerdas las horas que nos obsequiamos? ¿Recuerdas el deseo mutuo de detener las manecillas del reloj y el fluir de la vida? Vaya... si hasta puedo asegurar que cada vez que regreso al mundo perdido, el mar de recuerdos me baña e intenta asirme para inmovilizarme en eternidad. Puedo ver el brillo de tus ojos cansados arrasar con la cordura, sentir el calor de tus manos, el aroma de tu cuerpo, oír las palabras no dichas, puedo ver el momento preciso en que me salvaste de caer en las garras de la angustia y la venganza desviada, justo cuando mi mente se había manchado de niebla y el término de mis latidos se había registrado en las páginas perpetuas.
Cuántas raíces surgieron! Ahora el problema es arrancarlas para dejar que un nuevo árbol crezca; Nadie puede decir que no lo he intentado,... mas, ¿de qué ha servido si en mi prado no garua ni llueve? tan solo la humedad de mis lágrimas secretas existe y no han sido suficientes para mantener el color de las flores.
cuánto tiempo he perdido... quizás necesario, quizás no. Solo queda esperar que en la cima de la montaña, justo al borde del horizonte, aparezca el mensajero con sus brazos en alto a recibir mi último suspiro...

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