sábado, 24 de julio de 2010


... ¿De qué sirve estar bajo techo en una noche tan fría si mi corazón ya se ha congelado? No veo que exista solución y ni siquiera estoy segura de desear una, porque se que esto también traería consecuencias a mis anhelos prohibidos y recuerdos burbujeantes. No quiero que tu rostro desaparezca, pues se irán muchas cosas con él; como el brillo mortecino de tus ojos cansados, siempre cálidos y sonrientes cuando los necesitaba, esperando alzar las pocas fuerzas que albergaba para vivir; tus labios cálidos y electrizantes, aquellos que acariciaron tiernos y arrulladores los míos, entrelazando nuestros suspiros; tus palabras y tus silencios, tu cuerpo, tu cabello, tus manos, tu ser... Parte de mi existencia.
Las noches completas siempre fueron insuficientes para saciar mi necesidad de ti y el frío jamás pudo sobrepasar la barrera que tus brazos creaban a mi alrededor, ni siquiera la distancia y los años han sido capaces de borrar tu esencia y el recuerdo de tu calor traspasar mis ropas.
Aun puedo verte allí, con la esperanza de nuestro reencuentro grabada en tu semblante, en el hermoso iris de tus ojos, en tu aura... Mas todo eso se ha esfumado como cenizas al viento, como flor de cerezo en primavera, congelando todo, mi latido, mi respiración, mi esperanza, mi vida. Todo se ha ido lejos, dejándome aquí entre cuatro paredes, sola, hipnotizada con el himno de los recuerdos que sembraste en mí; quizás protegida del viento y la lluvia, pero no del dolor, la soledad y la agonía.

lunes, 19 de julio de 2010

... Puedo ver los caminos invertirse ante mi cercanía, los recuerdos alejarse, las motivaciones confundirse y los sueños frustrarse; el pasado se acongoja en su soledad como si deseara desaparecer y le fuese imposible, pues una extraña y tentadora fuerza sobrenatural lo mantiene a flote de manera inquebrantable, al igual que las malas experiencias y los tropiezos que opacan los buenos momentos.
Los sentimientos se desbordan y te atormentan con su agobiante avance hacia el exterior de tu perfecta fachada sarcástica, la que perfeccionas para cada situación y para cada grupo de personas, la que entrenas y mantienes firme ante cualquier adversión, aun si esta es desastrosa; es entonces cuando las preguntas afloran en tu mente nublando cada entrada de luz y terminas en las tinieblas, sumido en un escenario desequilibrado, tortuoso e incoherente... los colores se distorsionan, el tiempo se detiene, tu pulso se acelera y el dolor se hace presente; entonces todo eso cae comprimido en unas simples y asfixiantes gotas, resvalan molestamente por tu rostro manchando de tristeza y angustia tu piel, tu mente, tu ser...
Aplasta, agobia... odio sentir que deba ser así... ¿lo merezco? quizás... ¿y qué importa? ya nada se puede cambiar; está todo allí, clavado ante mí como gigantescas montañas que se imponen con su misterioso poder de atraer miradas, por muy lejos que se encuentren; así es como siento venir todo a mí, presentándose como imagen maximizada haciendo que todo parezca insignificante a su lado.
Justicia divina... imposible creer que eso se aplique a mí, el tiempo se ha encargado de enseñarme la lección de no caer en anhelos miserables, inservibles, inútiles...
Estoy perdida, abrumada con el dolor de las heridas que jamás han podido sicatrizar, la que oculté bajo una humilde venda para mantenerlas alejadas de mis ojos y así mirar adelante, pero ha llegado la hora de enfrentarlas, pues siguen allí, intactas, listas para retrocederme al pasado inestable que soñé evitar...